La Argentina no es ajena a esta tendencia mundial. Sus médicos, organizados en términos corporativos y vinculados con ámbitos académicos internacionales, intentan dar respuesta a los problemas de la población local, entre ellos aquellos ligados a su reproducción, sea desde el análisis de las variables que intervienen en el crecimiento del factor humano como desde la propuesta de políticas sanitarias concretas.
En este afán, establecen un diálogo con el pensamiento poblacionista argentino que basa sus certezas en la interdependencia entre incremento demográfico y posibilidades de desarrollo de un país. Si hasta las dos primeras décadas del siglo XX esta corriente de reflexión confía en la afluencia de la inmigración ultramarina como multiplicadora de la población local, durante el período de entreguerras, una vez constatada la dependencia del flujo migratorio con contextos excepcionales mundiales como los conflictos bélicos o las crisis económicas, y la progresiva declinación de los índices de natalidad, nuevas voces comienzan a insistir en la necesidad de reforzar los factores endógenos que aseguren el incremento demográfico, dando lugar a una confusa tensión discursiva entre ideas "inmigracionistas" e ideas "natalistas".1
Es en este debate que los médicos, a la par de otros grupos, intervienen del lado de los defensores del "natalismo". Convencidos de la importancia de mejorar las condiciones de supervivencia y reproducción de la población nativa y del rol que les cabe en dicho proceso en función de sus saberes y prácticas específicos, se proyectarán más allá de la discusión cuantitativa iniciada por el poblacionismo. Un nuevo binomio se instalará en la confrontación de opiniones de la corporación de galenos. De un lado la cantidad de población y de otro, o a veces subordinando la primera a la segunda, su calidad. Los dos términos de esta nueva ecuación convivirán en tensión durante todo el período considerado, dependiendo la preponderancia de uno sobre el otro no sólo del devenir de los discursos y las prácticas médicos sino, también, de las incitaciones provenientes de otros campos, locales e internacionales, de reflexión sobre la población y de las coyunturas políticas, sociales y económicas.
En función de esta certeza se propone mejorar la "raza", a través de la reproducción de determinados individuos o grupos humanos calificados como "mejores", inhibiendo la multiplicación de otros grupos o individuos considerados "inferiores" o "indeseables"
La prevención del contagio de los males venéreos se convierte en una de las preocupaciones más importantes del período formativo de la Eugenesia en la Argentina. Muestra de ello es la Liga Argentina de Profilaxis Social fundada por Alfredo Verano en 1921, bajo el patrocinio del Círculo Médico Argentino y del Centro de Estudiantes de Medicina, que cuenta en su junta consultiva con personalidades de peso en el mundo sanitario y político.
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